
Comenzaron las clases. Este año Gabriel asistirá a una escuela especial de Villa Alemana. Tiene muchas ganas de aprender, y ni siquiera lloró el primer día de clases. En el nivel prebásico tendrá sólo 2 compañeritos. Uno de ellos es autista.
Gabriel siempre ha sido único para nuestras vidas. Hemos vivido en torno a Gabriel sus diferentes etapas. Sin embargo, en el patio de esa escuela pude ver que hay muchas familias con hijos también especiales para ellos. Niños (aunque a veces en cuerpos de adolescentes) sonrientes, en este mundo o quizás en otro, también únicos para sus padres.
Niños con discapacidad física, trastornos de lenguaje, down, autistas, limítrofes, etc. Todos muy especiales y únicos.
Pero definitivamente las educadoras diferenciales son las personas que de verdad tienen vocación de trabajo y preparan a todos estos niños para que vivan en un mundo real, el mundo de las competencias. Nosotros vemos el mundo desde una arista, pero las educadoras deben verlo desde todas las aristas. Yo quiero que mi hijo sea útil, sea independiente, autónomo y feliz. Las educadoras se llevan la parte pesada de la tarea, pero además agregan el corazón en lo que hacen. Y eso también las hacen únicas y especiales.
Y Gabriel les retribuye a todas sus tías con besitos y sonrisas, además de sus propios logros.

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